(*) por Juan Manuel Savino Rodríguez
Frente al Casino de la ciudad de Merlo, en la provincia de San Luis, todos los equipos se agolpaban bajo el arco de largada de la primera etapa de esta séptima temporada de la XK Race a la cual asistimos junto a mi esposa Melina Rabinovich para, cargados con dos bolsas de dormir, dos vivak con sendas mochilas y bicicletas con cuatro bastones de trekking, darle batalla al clima, el terreno y un interminable recorrido de 120 kilómetros de ciclismo MTB, 65 de pedestrismo cross country y una serie de pruebas de cuerdas. Antes de largar le pido a dos señoras que nos tomen una foto, una de elllas alcanzó a decirle a la otra, “jugale al veintinueve”, en referencia a nuestro número. Sólo espero que no hayan perdido mucho.
00:20 hs. Largada: ciclismo MTB nocturno en subida
En este tramo se trataba de ascender en bici por el Valle de Traslasierra desde la Ciudad de Merlo a 1100 metros de altura sobre el nivel del mar hasta los 2100 en el filo. Primero subimos por la ciudad y luego en caracol por el cerro, haciendo la cuenta del desnivel, equivaldría a subir tres veces la Torre Eiffel de golpe y sin pausa.
La adrenalina inicial hizo que casi todos los corredores se fueron adelante, nosotros nos quedamos más atrás pero a buen ritmo, esa noche hacía mucho frío pero subiendo y entrando en calor ni se sentía debido al esfuerzo que demandaba la pendiente cada vez más empinada. Así empezamos a recuperar posicones, luego ya en plato1 con piñón1 -nuestras bicis tienen 27 cambios y este sería el cambio 1- ya no convenía pedalear sino caminar como hacían todos. Creo que un 30 por ciento de la subida la hicimos caminando y ahí yo empujé a Meli con la cuerda elástica para que no se me queme, y así regulamos las energías. Era hermosa la vista que teníamos de Merlo desde ahí arriba, en la medida que el aire nos permitía hablar, lo comentamos al pasar con otros corredores con los que nos íbamos cruzando
Ya más arriba tuvimos que abrigarnos porque el frío no se soportaba ni aún con el metabolismo activo. Después de tres horas y media llegamos al Filo 2100 msnm y control PC1 en el límite con Córdoba. A partir de ahí era todo sierras con permanentes subidas y bajadas sobre caminos de 4×4, haciéndose más técnico a medida que avanzábamos. Se alternaron barro, piedras, vados con agua y escarcha, más unas pendientes en bajada y subida abruptas, algunas de hasta 30 grados más o menos y continuas. Este tipo de circuitos no son los que mejor se adaptan a nosotros dos, ibamos bastante despacio en las bajadas mientras el resto se lanzaba a todo ritmo pasándonos. Perdimos muchísimo tiempo, esto nos atrasó toda la carrera, incluso algunas bajadas las caminábamos, y así y todo nos resbalábamos y caíamos. Encima la baja temperatura nos jugó en contra, rogábamos que viniesen más subidas para entrar en calor.
A las 7:00 AM en punto llegamos a Los Vallecitos a 1600 msnm con su PC4 donde hicimos un Stop de tres horas. Estábamos congelados pero enteros, algunos golpes y la puntera de la bici de Melina se partió pero los pedales estaban intactos. Este era un parador armado para la carrera, repleto de corredores que aprovechaban la comida caliente y los colchones donde nos dormimos dos horas netas y al despertarme no sabía ni donde estaba.
Etapa de trekking diurno:
Salimos con las mochis, bastones y cuerda elástica bajo un sol hermoso y calentito por las Sierras de los Comechingones, el lugar era un verdadero paraíso. Un circuito tipo Orientatlón, con libre elección del orden de los
PC. Primero fuimos a la zona de cuerdas PC9 donde había un salto en el río y dos cruces, uno con tirolesa levemente positiva y otro puente comando que en nuestro caso debía hacerlo obligatoriamente Meli que lo superó sin problemas y con mucha prolijidad.
Luego al PC 7 virtual sin gente donde debíamos sacarnos una foto digital con la mochila del compañero mostrando el número de corredor y con una cascada de fondo como forma de acreditar el paso por ese lugar. Rumbo al PC8 abajo en un río se nos complicó todo: había que tomar un camino, faldear medio de costado un cerro y bajar justo para cruzar ese río (no ir costeando, ya que por ahí estaba complicado) y erramos unos grados en el rumbo o interpretamos mal la topografía del mapa y bajamos equivocádamente el cerro. Llegando al río con corriente y muchas piedras, Melina se cayó golpeándose la rodilla perdiendo un bastón de trekking que se lo llevó la corriente hasta que lo encontré, no así el PC dándonos cuenta que no estábamos en el lugar correcto y volvimos a cruzar el río para salir. Empapados con agua congelada, volvimos a subir una parte del cerro y a bajar, errándole de vuelta hasta encontrar el bendito PC8. A esa altura, el río estaba más complicado de cruzar.
Melina zafó un pie y empezó a resbalarse lentamente, (de ahí hay 2 mts para abajo y un par de salientes donde te podés golpear y al agua) la pude agarrar de la muñeca pero se me iba de costado, además yo no estaba muy bien agarrado con la otra mano, pero ni a palos la voy a soltar, de última me voy con ella para abajo, ahí por suerte el del PC llega a acercarse a tiempo y la agarra de la otra
mano y listo. Nos asustamos pero ya pasó, al final ni cruzamos el río porque el PC se acercó hasta nosotros, pero para seguir en carrera debíamos cruzarlo y buscar el otro PC de trekking, miramos para todos lados y realmente no encontrabamos un lugar fácil para pasar, además después había una pendiente media abrupta para subir. Nunca nos pasó algo así, y eso que es la sexta XK que hacemos y nuestra novena carrera de expedición. No entiendo como hicieron los demás corredores para pasar, (evidentemente era posible, porque pasaron) pero yo no la veo bien, no me siento seguro ni soy escalador. Le avisé al responsable del PC que nos volvemos al parador de Vallecitos PC10, este se comunica por handy al staff para avisar, quienes nos dicen que esos PC son obligatorios y que no se pueden penalizar, y que por lo tanto quedamos fuera de clasificación, podemos seguir avanzando pero fuera de clasificación (no entendimos bien eso, pero suena a que estamos descalificados).
Una cosa es segura y es que ese río no lo vamos a cruzar. Regresamos al parador Los Vallecitos ya casi secos pero con todo el tiempo perdido, ya no quedaba casi nadie en el lugar salvo el equipo 36 perdido pero que estaban regresando. Comemos algo, aprontamos las cosas y nos vamos en la bici cerca de las 18 horas y con bastante miedo por el frío ya que indefectiblemente nos va a agarrar la noche en el mismo lugar que ayer con ocho grados bajo cero.
Regreso en bicicleta MTB
A la hora y media de pedaleo se hizo de noche, y cayó la temperatura bruscamente, nos abrigamos con todo y seguimos, en ese tramo había más subidas que bajadas, ahora los ascensos los hacíamos casi todos caminando con Meli muy desanimada, yo que la empujaba con la cuerda se
notaba que tiraba mucho y tenía que hacer mucha fuerza, miro el velocímetro: apenas marcaba 3km/h.
Pasamos así media hora más, ya llegando a los 2000msnm y empezó lo peor, un viento en contra congelado en las partes expuestas de las sierras…frío hasta en los huesos, yo no podía parar de temblar, ahí me asusté… (y se supone que después viene la bajada en caracol donde nos vamos a congelar peor!) pero seguimos, cada tanto me subía a la bici, y otra vez el viento que me tumbó de costado, me fui de cara contra el piso… me levanto y sigo adelante, tratando de taparle el viento a Meli y al rato otra ráfaga de frente que no me da tiempo a destrabarme las zapas y me caigo boca arriba… me acuerdo que me quedé un toque tirado así, mirando las estrellas y pensé: “ah que lindo, al ras del piso no se siente el viento” Ahí Meli explotó -Basta Juan!! Abrí ese Handy!! Que nos saquen de acá!!
No es fácil parar ahí, pero Meli convencida de que sí ibamos a poder… bajamos un poco y al costado del camino en una especie de zanja nos tiramos al piso, (de esta forma el viento nos pasaba por arriba) nos tapamos con todo para no entrar en hipotermia: bolsa, vivak, prendimos las luces en modo baliza, abrimos el Handy y pedimos rescate. Meli hablaba mientras yo no paraba de prender calentadores químicos de pies y manos (algunos no andaban, creo que estaban vencidos jaja). Y luego mientras esperábamos, escuchamos por handy al equipo 36 (que estaba atrás nuestro) también pidiendo que los saquen y finalmente a los cuarenta minutos llegaron los rescatistas en uno de las camionetas Land Rover Defender, por suerte bastante rápido, pensábamos esperar más. Listo, el equipo 29 estaba fuera de combate.
Siempre la peleamos hasta el final pero esta vez se complicó todo y estoy convencido que debe prevalecer la seguridad. Esto es sólo un Juego, una experiencia inolvidable que agradezco haber vivido. Uno no llega a conocerse realmente ni a conocer al otro hasta que no está envuelto en situaciones embromadas. Yo por ejemplo creo que no termino de conocer a Meli, es una mina muy fuerte, y creo que ni ella termina de darse cuenta.
A veces hay que ponerse límites, justamente, para poder seguir jugando.
(*) por Juan Manuel Savino Rodríguez
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