Fotos: TELAM – Maximiliano Luna
(*) por Nicolás Parrilla
Vuelve River Plate. Con su victoria de hoy sábado por la tarde en el estadio Monumental de Núñez donde triunfó 2 a 0 ante Almirante Brown, vuelve al lugar del que nunca se tendría que haber ido por su historia y también por el nombre propio y el peso específico que revolucionó a la segunda división del fútbol argentino cuando sufrió el momento más oscuro de su historia al perder la promoción ante Belgrano de Córdoba. River es tan grande que atrajo todas las luces a la B Nacional, cambió la televisación de los partidos ahora a cargo del programa Fútbol para Todos, se acrecentó la cantidad de dinero a repartir entre los equipos, su presión derivó en el regreso a la canchas de los hinchas visitantes, sus rivales cedieron la localía para sumar salvadoras recaudaciones.
River es tan grande y tiene tanto peso propio que tiró por tierra con una de las máximas del fútbol, una de esas leyes tácitas, que no están escritas en ningún lado pero todos concuerdan en darla como cierta: un equipo supera a las individualidades. En el caso de los Millonarios, más que nunca apelaron a su apodo histórico y formaron un plantel repleto de estrellas, de nombres pesados, pero que nunca pudieron armar un equipo de verdad. Pasaron 38
fechas, y el técnico Matías Almeyda nunca encontró un dibujo táctico pese a que probó con línea de tres, cambió a cuatro defensores, se inclinó por tres delanteros y terminó con un 442 con enganche.
En los primeros seis meses, basó su poderío en los goles de Fernando Cavenaghi que convirtió catorce tantos en diecinueve partidos, y en las sociedades que formaron Carlos Sánchez y Martín Aguirre en la fase defensiva del mediocampo, y Alejandro Domínguez y Lucas Ocampos en la parte ofensiva. Para la segunda mitad, como en aquellos cuentos que terminan con un final feliz, apareció un príncipe azul para rescatarlo. Un héroe consagrado a nivel internacional, que nunca se olvidó de sus orígenes como lo demostró al festejar el titulo de campeón con Francia en el Mundial 1998 dando la vuelta olímpica con un gorro arlequín con los colores celeste y blanco, y que resignó dinero para cumplir el sueño de su infancia: jugar con la camiseta que amaba, ayudar a la camiseta que amaba. David Trezeguet, campeón europeo de clubes y mundial a nivel selecciones, consagrado en una de las ligas más importantes del planeta, como la italiana, apareció con sus trece goles en la segunda ronda que vinieron de la mano de su calidad intacta para ganar varios partidos sólo con su presencia.
El partido de hoy fue un reflejo del recorrido de River en la categoría. Después de un primer tiempo tan malo que hizo doler los ojos, propios y ajenos, donde se vieron las mismas debilidades defensivas de los últimos tiempos, la segunda mitad le dio una
alegría tempranera. Apenas se jugaba 6 minutos cuando Rogelio Funes Mori, en posición adelantada, le bajó la pelota de cabeza a Trezeguet, para que el franco-argentino infle la red con un muy buen remate. A partir de ahí, Almeyda dio indicaciones de reacomodar el equipo, un poco más atrás en el campo para defender el resultado. Las noticias que traía la radio desde otras canchas (derrotas de Instituto y Rosario Central, a manos de Ferro y el descendido Desamparados, respectivamente) le dieron más tranquilidad al Millonario. Cuando faltando 7 minutos, bajaron a Martín Aguirre en el área, todo el Monumental pensó que podría respirar con más holgura, pero el arquero César Monasterio atajó el penal ejecutado por Trezeguet. Sin embargo, trás un pelotazo largo, y la lucha de Funes Mori -reemplazó a Cavenaghi en el entretiempo y fue figura clave- contra su marcador, el mellizo ganó, abrió los ojos, y vió a Trezeguet, otro protagonista absoluto de esta tarde en la que selló el 2-0 final que desató los festejos soñados durante 363 días.
No todo fue un camino de rosas para River. Aunque en un principio muchos pensaron que solamente con presentar la camiseta con la banda roja cruzando el pecho alcanzaba para ascender, no fue así. Se pensaba que se iban a ganar todos los partidos por 5 a 0, pero la realidad mostró algo muy distinto. Porque este River no es aquel de la rica historia, de la gloria, de la Maquina, de Angelito, del Beto, del Enzo, de Ramón. Éste, es el River menos River de toda su historia, y entonces eso es suficiente para animar a un Defensa y Justicia que soñó con hacer historia (empató sus dos cruces, 2-2 y 3-3, siendo muy superior por momentos); para darle ánimos a Patronato de Paraná (que de local le ganó a los cuatro de arriba del torneo); para que Boca Unidos se de el gustazo de ganarle a un Millonario al que hasta hace algunos años solo veían por televisión. River afrontó el año más negro de sus 110 años de historia sabiendo que sería duro, que iba a tener que sacarse los zapatos de lujo y meterse en el barro. Pero pensó que solamente se iba a ensuciar los pies, y tuvo que meterse hasta la cintura en el barro. Y si no lo hubiera ayudado a veces la suerte, se pudo haber hundido.
Vuelve River, y probablemente no haya aprendido la lección. Aunque futbolísticamente la versión actual sea superior a la que descendió, con un plantel renovado, con figuras y una buena camada de jóvenes que se foguearon en una categoría dificilísima (Pezzella, González Pires, los hermanos Funes Mori, Ocampos, Cirigliano); en el plano dirigencial e institucional, River se encuentra igual o peor que hace un año atrás. Con la herida interna de su barra brava aún abierta e incluyendo un asesinado en pleno estadio, con una economía que parece estar escondida atrás de un biombo, con constantes cruces entre dirigentes y periodistas, jugadores e hinchas que aportan miles de contratiempos de todo tipo.
Vuelve River. Lo merece por su historia, lo merece por su gente, la que lo quiere de verdad y nada tiene que ver con un grupo que hace negocios con el club. Bienvenido de vuelta al máxima categoría, este es su lugar.
(*) por Nicolás Parrilla
Periodista formado en TEA (Taller; Escuela; Agencia)
Columnista especializado en fútbol argentino e internacional. Responsable de notas en exteriores en Eldepornauta Radio.
Amante del buen fútbol más allá de las camisetas, es un auténtico paladar negro que pondera las gambetas en el área rival y defenestra las patadas en cualquier sector del campo de juego. Contrario a las declaraciones con cassette, elemento que jamás utiliza, ni siquiera para grabar sus reportajes.
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Tags: Almeyda, Cavenaghi, river plate, Trezeguet




















