Sus 113 kilómetros constituyen un clásico internacional cuya segunda edición argentina, clasificatoria al campeonato mundial de Estados Unidos, se consolidó como la prueba combinada más popular e importante a nivel continental. Con récord de convocatoria al congregar a 2.300 competidores provenientes de 35 países, el Triatlón IronMan 70.3 de Buenos Aires se realizó este domingo en Nordelta, en la localidad bonaerense de Tigre, donde triunfó el canadiense Lionel Sanders tal como su par norteamericana Haley Chura lo hizo en la clasificación general femenina.
Organizado por la empresa EventLive, cuyo equipo de trabajo también está al frente del IronMan a disputarse en diciembre próximo en Mar del Plata, el desafío constó de 1.900 metros de natación en el lago de Puerto Canoas, 90 kilómetros de ciclismo donde el viento en contra se tornó el rival a vencer y 21K del medio maratón final que Sanders, de 29 años, cruzó la meta en 3h42m47s alentado por los 15.000 espectadores desplegados a lo largo de un circuito rodeado de verde y sin inconvenientes de tránsito vehicular para que los participantes puedan concentrarse exclusivamente en su rendimiento.
“Me gustaría regresar la próxima temporada porque el público argentino es maravilloso, su aliento me hizo sentir como en mi casa y me gustó mucho el circuito ya que el agua tenía una temperatura ideal al no ser fría ni caliente, el gran desafío estuvo en la bicicleta ya que el viento sopló muy fuerte pero pude pedalear en 1h59m los 90K”, afirmó Sanders, quien fue escoltado por el estadounidense Rodolphe Von Berg y el brasilero Igor Amorelli, segundo y tercero con 3h46m15s y 3h46m52s respectivamente.
Representante olímpico en Río 2016 y múltiple campeón nacional tanto en distancia standard como sprint, el porteño Luciano Taccone cronometró 3h50m12 que le valieron la séptima ubicación siendo el más veloz de los triatletas argentinos de esta segunda edición.
A la cabeza de una participación femenina que cada año crece en calidad y cantidad, la ironwoman norteamericana Haley Chura fue la primera de las casi quinientas mujeres que cruzaron la meta gracias a sus 4m17s42s
“Dimos otro paso adelante con este medio Ironman que demandó muchísimo trabajo de todo un grupo de personas comprometidas, desde el primer colaborador hasta quien toma las decisiones más importantes para que nada quede librado al azar. Esto no termina acá, el 3 de diciembre en Mar del Plata haremos los 226 kilómetros del triatlón IronMan full”, explicó Abayubá Rodríguez, director técnico del IronMan 70.3 Buenos Aires.
En la categoría Celebrities se impuso el Team Moto integrado por tres ex representantes olímpicos como el nadador José Meolans, el triatleta IronMan Oscar Galíndez y la maratonista marplatense Marita Peralta. Tanto el equipo ganador como los otros seis integrados por Jorge “Pipa” Higuaín, Ronnie Arias y Fernando “Bahiano” Hortal; Mariana Lagarrigue, Nacho Goano y Juani Cáceres; Facundo De Palma, Luis Ceriotto y Pablo Salvatori; Diego Albanese, Manuel Contepomi y Gonzalo Longo; Eduardo “Coco” Fernández, Virginia Elizalde y Sol Fernández y el Equipo Reebok: Martín Passeri, Hernán Tadeo y Eduardo López Segura corrieron para reunir siete desfibriladores que fueron donados al sistema de salud del municipio de Tigre.
La competencia otorgó 35 plazas para el Campeonato Mundial IRONMAN 70.3 2017 que se llevará a cabo en Chattanooga, Tennessee, Estados Unidos, los días 9 y 10 de septiembre próximos. Los lugares se repartieron entre 22 categorías: M18-24 1 plaza / M25-29 2 plazas / M30-34 2 plazas / M35-39 3 plazas / M40-44 4 plazas / M45-49 3 plazas / M50-54 2 plazas / M55-59 2 plazas / M60-64 1 plaza / M65-69 1 plaza / M70-74 1 plaza.
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EMOCIONANTE RELATO DE UN IRONMAN QUE SOBREVIÓ A LA ADVERSIDAD
Fabricio Baffigi
13 de marzo a las 18:51 · Buenos Aires ·
Casi no pude dormir la noche anterior, el sueño iba y venía, mi mente se prendía y se apagaba, repasaba una y otra vez en mi cabeza todo lo que había hecho para llegar hasta ese momento, la recuperación de las dos enfermedades, aquella tarde en que me dijeron “se reduce la expectativa de vida” cuando volví a mi casa y le escribí una carta al hijo que no iba a conocer… Pensaba eso mientras a mi lado dormían placidos la china y el tanito, los principales actores de la película de mi vida. Mientras daba vueltas en la cama veía los kilómetros y kilómetros recorridos en bicicleta, que de tantos se convirtieron en decenas de miles, recordaba las innumerables piletas nadadas pensando “¿porque se me cansan tanto los hombros?” mi eterna estúpida pregunta, y sentía los millones de pasos dados corriendo repiqueteando mis rodillas. En eso sonó, inútil, el despertador. Arriba y a desayunar una banana, una manzana, el batido recomendado por mi entrenador Deep Wellness Damián Vidal y una barrita. Junté las cositas necesarias para la carrera en la caja que iba a dejar en la zona de transición, plegué a Mica y a Giuseppe y todos al auto semi dormidos. Al llegar a la zona de la carrera estaba colmado de ansiedad y nervios, a medida que me iba acercando al parque cerrado entraba en una zona en la que me sentía un invitado… se escuchaban diferentes idiomas, se veían bicicletas increíbles, cuerpos torneados y musculados, gente muy preparada, y yo con mis nervios y mis humildes recursos, bien humildes, pero ganados a base de muchas horas de sacrificio. Hice la entrada en calor, me coloque mi traje de neopreno, la gorrita y me camufle entre todos… miraba a mi alrededor, éramos miles, todos iguales en ese momento, con nuestras historias, nuestras ilusiones y nuestros fantasmas… Digo nuestros fantasmas porque lo que viví en la carrera fue especial, repleto de una mística nunca antes vivenciada. Se que lo que voy a escribir va a parecer ilógico pero es lo que me sucedió. Mientras esperaba en el corral de entrada con todos los otros competidores, intentaba mentalizarme en guardar energías y pensaba en como gastarlas con prudencia, en un golpe de vista hacia la derecha me pareció ver una cara conocida, vi como si entre los competidores estuviese mi madre, Diana, hermosa, joven y sonriente, fue solo un segundo, busque entre todas las caras, en contra de toda lógica, y no estaba, pero como en un sueño sentí que ella comenzó a hablarme, me decía que tuviera en cuenta que cuando me tirara al agua iba a estar fría, que eso me iba a sacar de foco por un rato y que si en algún tramo no me sentía bien me diera vuelta y nadara espalda, que ella hacía eso en las carreras, que me quería mucho y que estaba orgullosa de mi recuperación, me dijo que todo iba a salir bien, que me dedicara a disfrutar la vida, y me dijo que estaba enamorada de su nuera y de sus nietos, que le diera muchos besos a mis hermanas y las cuidara, y que estaba muy contento con el presente de mi padre. Deben ser los nervios por la carrera que me juegan estas pasadas alucinatorias, pensé. Me fui atrás de todo, debo haber largado entre los diez últimos. En cuanto nos tiramos al agua, sentí el frio y me dio una enorme felicidad, comencé a nadar fuerte y a recuperar lugares, me coloque bien pegado al margen derecho, alejado de la línea de boyas, porque sospechaba que eso iba a ser un matadero, los especialistas tratan de sacar el mejor provecho del nado, para eso van cerca de la boya, pero corren el peligro de patadas y puñetazos, como me paso a mí en el triatlón de febrero que me patearon la cara, trague agua y perdí un montón de tiempo. Los primeros metros comencé haciendo brazadas largas, tomándolas bien adelante y culminándolas bien atrás, como dice mi entrenadora de natación y amada esposa, Mica Guiscardo. Mientras nadaba comenzaron, como siempre, a pesarme los hombros, y acelere el braceo, haciéndolo más corto pero más liviano… en eso percibo que el que iba al lado mío me adelanta por derecha y me mira, era la cara de un muy joven Syder Guiscardo, detrás de él, como siempre los Cocodrilos del Nilo, que solo conocen sus pies… ante mi estupor intente un pique para alcanzarlo, vano y ridículo, ya me había sacado dos cuerpos, mientras me asusto por mi brote psicótico, en la cabeza me aparece su imagen y estas palabras “todos miran cuantas brazadas por minuto, si 80, si 70, si 60, pero no hay que perder de vista la calidad de esa brazada, no levantes el brazo, que recorra tu cuerpo pegado, pone la mano bien adelante empuja y sentí que el cuerpo pasa, hasta que la mano haya llegado bien atrás, y de ahí de nuevo arriba bien pegada al cuerpo, y sino hace como le dijo la madre a la Micky, pensa que tenes un tiburón atrás siguiéndote”. Con una sonrisa llena de paz, recordando cada uno de sus cuentos, llegue a la boya de giro, ya tenía la mitad de la natación adentro. Una vez que gire hice 500 metros y por intentar pasar más nadadores de la cuenta me fui arriba con las pulsaciones, nadar jadeando es casi imposible, genera un ahogo espantoso, por eso haciendo caso a mi madre (¿¿??), me relaje y nade un rato espalda. Mientras avanzaba de espaldas mirando las mansiones y la gente que había en la costa, vi a un chico, de pelo largo, que caminaba a mi altura y me gritaba, parecía que me estaba alentando, pero sus palabras, que me llegaban cortadas producto de los tapones que uso en los oídos y de que básicamente tenía la cabeza semi hundida en el agua, me daba la sensación que estaban repletas de insultos. Fije un poco más la vista y lo vi, era Fede Avellaneda, médico, guardavidas, socorrista de la cruz roja, ídolo mío, amigo, hermano de la vida, que falleció demasiado joven hace 9 años. Fede fue quien me insistió para hacer el curso de guardavidas, él me preparo un verano para hacer el ingreso al curso, recuerdo que se entraba con 14:00 minutos haciendo 200 de crawl, 200 de pecho y 200 de over, y yo hice 13:59. Fede recorrió las 24 piletas dándome aliento y puteándome, me puteaba con cualquier cosa que se le cruzaba por la cabeza: “así te gana hasta una renga embarazada!”, y con su recuerdo y sus hermosas puteadas en el alma, salí del agua. Salir del agua y ver tanta gente es una sensación hermosa, shockeante, cientos de voces alentando que se vuelven un solo sonido, manos estiradas para que las choques con tus manos, un segundo después luchaba con el cierre del traje de neopreno, no encontraba la tira del cierre, a la vez corría, lo que generaba una imagen de película de Chaplin, un tipo que avanza en un traje negro de goma con una gorrita fluorescente en la cabeza retorciéndose sobre la espalda… De repente dos manos fuertes me toman de los hombros y me dicen “dale Fabri, vos avanza, que yo te saco la parte de arriba de un tirón y vos te sacas el resto solo, te felicito por la familia, llama a tus primas cada tanto y deciles que las extraño”, cuando me doy vuelta, veo a mi tío Luchi, el hermano de mi mamá, joven, por lo menos 10 años más joven que yo, sonriente, corriendo hacia donde salían otros competidores… su figura se terminó perdiendo entre la gente. A esa altura no entendía lo que ocurría pero no me importaba, porque si esto iba a ser un desfile de fantasmas quería verlos a todos… En el suelo me termine de sacar el traje de neopreno, corrí hasta donde estaba mi bici, me puse las medias, las zapatillas, el casco, los guantes, y a correr endemoniado con la bosterita hasta la calle habilitada. Me monto a la bosterita y comienzo un pedaleo suave, para acomodar las piernas al movimiento. Este es mi elemento, pensé… mientras tanto pedaleaba cómodo en la hermosa bicicleta que adquirí pensando exclusivamente en esta carrera, cuadro de carbono réplica del Specialized Venge Vias, grupo Shimano Ultegra, llantas de carbono, cubiertas continental, un lujo asiático… El público se fue raleando a medida que nos alejamos del parque cerrado, cada tanto un aliento, un hombre me gritaba “daaaaaaaaaaaaleeeeeeeeeeeee” como si en eso le fuera la vida, y termino los primeros 30 km muy contento, promediando 35 kilómetros por hora. Pasando el retome del circuito muy cerca del parque cerrado, iniciando la segunda vuelta, veo que me saluda un hombre grande con una mujer muy petisita al lado, lo miro fijo mientras me acerco, era mi abuelo Enrique y supongo que la abuela Beatriz a su lado, el abuelo me gritaba, o me imagino que me gritaba, ya no sé: “Fabriciazo, sos el mejor, Premio Nobel, Genio de mi vida, pedalea suave, relaja los hombros, anda al piñón más bajo que los matas a todos!!!”… Para el siempre fui el mejor, pobre, los ojos ciegos del amor, yo, a diferencia de él, creo que siempre fui peor que mi reputación, como dice la canción de Los Redondos. Sinceramente, al abuelo ya lo estaba esperando, siempre lo extraño y lo pienso, con él en mis recuerdos avancé cada vez más rápido, sin medir demasiado que luego debía bajarme a correr una media maratón. Faltando 5 kilómetros, con un horrible viento de frente, subí la cadencia, a revolear, como me dijo mi amigo Pablo Trigub Clover, para aflojar las piernas. Llego al parque, bajo de la bicicleta y nuevamente las caras, las manos, el aliento, busco a mi familia y a mis amigos. Recuerdo estar en la entrada del parque cerrado, no encuentro mi lugar, estoy desorientado entre tantas bicicletas y personas a mi alrededor, y mientras camino sin rumbo claro, veo, nítidamente, un hombre que está apoyado sobre una baranda del parque que me dice: “Relájese pibe, calme la ansiedad, sofrénese!” y riéndose se aleja. Marcelo Paganini, acababa de decirme lo mismo que me decía antes de hacer una escritura importante, o cuando le iba con un problema cualquiera… El mundo ya era perfecto de nuevo, y me di cuenta que estaba a unos pocos pasos de mi puesto. Sin poder sacarme de la cabeza que estaba ante tres situaciones, o que me estaba volviendo loco o que las endorfinas de garompa de mi cerebro y no sé que cháchara, o que todos los fantasmitas que tanto extraño y necesito han decidido venir a verme correr la carrera. Llegue a mi puesto, mi hermosa familia Mica, Peppi, Oscar Baffigi, Julieta Baffigi, Luly Baffigi, Antonela Baffigi, Dario Aramune, Adrian Viñas, Oli, Matute, Juan, Cynthia Heis, Agustin Valle, Débora López y Chelo, me alentaba y daba fuerzas para seguir, comenzaba lo más duro para mí, el pedestrismo. Hice una transición larga, siguiendo los consejos de Claudio Ocampos, mi primo e ídolo que me recomendó que llegara elongara, me hidratara, comiera, me pusiera átomo, y saliera despacito. Siguiendo su plan salí a correr a 5:45 minutos el kilómetro, y lo respete los primeros 10k, después decidí guardar un poco para el final, como dice el sabio Gastón Alejandro Ramos, amigo de la vida, modelo a seguir en este deporte y en la vida, principal gestor de que estuviera enfrentando semejante desafío. El recorrido de la parte de atletismo fue hermoso, transitamos una gran parte de Nordelta, uno de los barrios más exclusivos del país, hermosos campos de golf, parques divinos, casas majestuosas, un precioso centro comercial que da a un lago, llegamos a un corralito de cuatro vías, que funcionaba como una serpentina, íbamos y veníamos, ese fue el punto más difícil para mí, pero en la cabeza metí todas las imágenes positivas que pude, familia, amigos, las dificultades que atravesé a lo largo de mi vida y lo que estaba por lograr, y en eso, cuando las fuerzas flaqueaban, veo al borde del camino un hombre alto y a una mujer petisita y regordeta a su lado, los abuelos Quinto y Bruna, el abuelo me mira sonriendo y me grita (sepan disculpar si no se explicar esto, pero el grito retumbaba en mi cabeza, no en mis oídos) “corre más fuerte, no seas maricón!” y lanza una carcajada que se une a la de mi abuela, quienes después de esos dos segundos desaparecen tras un cartel. La locura sigue pensé y me dirigí hacia los 5 kilómetros finales. Al llegar al último punto de hidratación me alcanzan dos piojitos corriendo, un nene de 5 y una nena de 2 años aproximadamente, hermosos y rubiecitos, con dos vasitos de coca cola, que se les rebalsaban a cada paso y me los querían dar, yo les digo “no muchas gracias”, pero se mantienen corriendo a mi lado, entonces les digo sonriendo “pero ustedes dos vuelan! van más rápido que yo! Que se creen?” y el nene, doblando a la izquierda me grita “Tío! saludos a mami! Decile que la amamos!”. Blanco quede, entiendo que estuve ante Pedro y Maia, y la sensación era de locura total, pensé: “como les digo esto a Anto y Dari? Se los digo?”. No pude evitar que la emoción me embargara y corrí dejando todo lo que me quedaba, faltando 600 metros veo que viene la china a mi encuentro y no pude evitar soltar las lágrimas, lágrimas con mil significados, lo que nos dijimos queda entre nosotros porque fueron más que palabras y silencios, fue algo más. Me dio al Chino y avance hacia mi familia caminando, por primera vez en la carrera camine, solo quería abrazarme con todos, y decirle a mi viejo que eso que pasamos hace 9 años, cuando junto a él me baje del auto para recorrer 3 cuadras y lo hice en una hora porque no tenía fuerzas, ya no estaba más, estaba curado, que hoy nuestra historia es otra, el sin entender de lo que le hablaba (porque se lo dije entre sollozos) me dijo “Dale! Dale! Termina la carrera que no queda nada” y yo con los brazos en alto, hice un sprint final, muy conmovido, queriendo abrazar a todos, y a 50 metros de la línea la vi a Maria Lujan que me decía con enorme dulzura “Te felicito gordito! Llegaste! Decile a la pulpi que la amo y que se quede tranquila! Dale besos a Porotito, al Alemán y a Junior y deciles que disfruten la vida! Y cuídenla a Kiara!” y desapareció entre la gente… Yo llegue, e hice mi primer Ironman en 6 horas 30 minutos. Imborrable periodo de mi vida en que todos mis fantasmitas decidieron matarme del susto, hacerme feliz y permitirme gozar inmensamente de lo que para mí es una epopeya. Gracias a la vida, que me hizo un guiño después de tantos momentos duros. El 3/12 en Mar del Plata, frente a la placa del “Domador de aguas abiertas” si Dios quiere, correré el Ironman full distance. Continuará… evidentemente y desde ayer, siempre continuará…