(*) por Jorge Rodríguez Alvarez
Mónica Seles; Arantxa Sánchez Vicario; la gran Steffi Graf, y por supuesto, nuestra número uno, Gabriela Sabatini, se estarán preguntando si hicieron bien en colgar la raqueta y abandonar los courts de tenis hace más de diez años. Se estarán preguntando a su vez qué sucede en el actual tenis femenino. ¿Por qué no seduce si hay mucha pierna trabajada y vestidito llamativo?, ¿por qué no atrae si hay jugadoras que corren de un lado al otro de la cancha como si fuesen velocistas?. ¿Por qué no hay reinados; buen juego y carismas tenísticos reales más allá de las estrategias de marketing y la pseudo belleza deportiva? ¿Por qué, chicas? ¿Quée les pasa?.
La reciente victoria de la belga Kim Clijsters en el US Open 2009, y el triunfo de la japonesa Kimiko Date Krumm que a los 38 años acaba de conquistar el Abierto de Cora gracias a su doble 6-3 frente a la española Anabela Medina Garriguez convirtiéndose así en la segunda mujer más veterana en ganar un torneo de la WTA, sólo detrás de la leyenda Billie Jean King, quien con 39 primaveras se adjudicó el Birmingham Open de 1983. Esta victoria profundizó los cuestionamientos recientes sobre el circuito femenino. El momento que vive el tenis de mujeres es bastante curioso o, al menos, digno de analizar. La numero uno del mundo Dinara Safina no gana torneos grandes y se caracteriza por su tremenda irregularidad, falla en momentos importantes y no tiene nada que envidiarle a su hermano Marat Safín en cuanto a descalabros emocionales. Uno se siente mal al verla llorar en las premiaciones sin levantar el trofeo de merecida campeona, mientras con la mirada perdida sólo sostiene la plaqueta correspondiente al finalista. A su vez, la escolta del ranking mundial, la estadounidense Serena Williams participa de pocos torneos por temporada y basa su juego en su potencia, fuerza y temperamento. Elementos que no alcanzan para darle claridad ni creatividad a un juego predecible y chato. Carece de grandeza deportiva, debería imitar a su compatriota Andy Roddick. En el tercer escalón se encuentra la danesa Caroline Wozniaki que, si bien llegó a la final del último Grand Slam, tampoco muestra solidez física ni mental aunque con diecinueve años es un interesante proyecto.
Por el momento, de Wozniacki para abajo, es un sinfín de subidas y bajadas de puestos, una montaña rusa imposible de resistir hasta para el mayor de los adictos a la adrenalina. Desde la no tan linda Maria Sharapova que navega gritando y posando para los flashes mediáticos del circuito, pasando por la argentina Gisela Dulko que -mas allá de tener muy buena velocidad de piernas, haber mejorado el saque y contar con un firme drive- no sabe plantear tácticamente los partidos. Dulko no puede llevar a cabo un plan de partido, elemento vital si se quiere ascender en el ranking mundial. La promesa serbia Ana Ivanovic adujo que las lesiones y el stress mental mermaron rendimiento en los últimos tiempos aunque los rumores hablan de que esta más preocupada por su imagen que su tenis. Parecería estar siguiendo los pasos de otra rusa; la curvilínea e inefable Ana Kournikova que ganó millones de dólares gracias a su imagen mientras que su paso por el circuito fue feo, inexpresivo y carente de títulos. Son espasmos de tenis que no tienen sustento, ni en tiempos ni en nombres. En enero regresará a las canchas la ex número uno, Justine Henin, ¿también retornarán Gaby Sabatini, Steffi Graf, Martina Navratilova, Cris Evert, Lenglen, Wills Moody?, si es por mí y tal como están las cosas, que vuelvan todas.
(*) por Jorge Rodríguez Alvarez
Entrerriano radicado en la capital bonaerense donde cursa la licenciatura en comunicación social en la Universidad de La Plata, fue editor de la revista RBP (Revista del Básquet Platense) y colaboró en medios independientes. Durante una década empuñó la raqueta en las canchas de tenis del Club Salto Grande de su Concordia natal donde también tuvo un pasado de hooker en diferentes equipos de rugby donde se lo recuerda por un gran despliegue que intenta repetir en el triatlón, su más reciente incursión deportiva.
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