Nadar 3.800 metros en el mar; pedalear 180 kilómetros en solitario de cara al viento y luego correr 42 kilómetros sobre asfalto en un tiempo total no mayor a diecisiete horas, constituye el examen para graduarse de hombre de hierro y el circuito español de Lanzarote con sus empinados ascensos; fuertes vientos y rugoso suelo volcánico es el más duro de todos, inclusive de mayor exigencia que el del mítico mundial de larga distancia de Hawaii. Pese a esto, el triatleta argentino Martín Giacchetta se animará por segundo año consecutivo a competir en este desafío donde intentará mejorar las catorce horas que cronometró en la pasada edición.
Licenciado en educación física a punto de cumplir treinta años, este lector asiduo de El Depornauta emigró hace un lustro de la ciudad bonaerense de Chivilcoy para desarrollar su profesión en Madrid donde cronometró tres horas y veintiséis minutos en el maratón de la capital de la madre patria, una marca que lo impulsó a participar tres semanas después en el reto supremo de las Islas Canarias.
“Me inicié en el básquet infanto juvenil hasta que, mientras cursaba el profesorado, comencé con las carreras combinadas y triatlones de modalidad sprint y olímpico como el de Baradero“, le explicó al Diario Digital de los Atletas vía correo electrónico quien en noviembre estableció 3h25m en el maratón de Nueva York y a fines de febrero hizo unas “sufridas 4h10m” en el Desierto del Sahara, al sur de Argelia.
Consultado sobre su preparación, aseguró que su volumen semanal ronda los 9 mil metros en pileta; 380 kilómetros de bicicleta y 60 a pie. “En las tres semanas previas al IronMan es clave disminuir la intensidad y las cantidades porque conviene llegar más descansado y no sobrepasado de entrenamiento”, recomendó desde la experiencia vivida hace doce meses cuando braceó en 1h02m24s, pedaleó en 6h54m16s y corrió en 5h50m47s. Respecto a sus expectativas, Giacchetta confía en bajar las catorce horas e, incluso, se ilusiona en terminar en menos de trece si el clima o el viento no le juegan una mala pasada.
Al igual que el resto de los fanáticos del deporte de las tres disciplinas, él también entrena en los espacios libres que le deja su trabajo y compromisos sociales pero no por eso se califica como amateur. “Soy consciente que mis marcas no son las de un triatleta de elite pero mi sacrifico diario y la planificación que lleve adelante durante este último cuatrimestre son dignas de un profesional, esto es algo indispensable que debe realizar todo aquel que quiera completar un IronMan”, se despidió antes de salir a rodar uno de sus últimas sesiones regenerativas previas a esta 17º edición organizada por el Club La Santa y que, con inicio en Playa del Carmen, repartirá premios por un total de 50 mil dólares en efectivo.
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